QUE NO SE RESPIRE MISERIA.

Me quito las gafas de sol empañadas por el vaho que sube por la mascarilla, no sin dificultad, porque la patilla se me engancha en una de las gomas que me torturan. Demasiadas cosas en las orejas. Ahora sí, puedo ver a mis compinches sentados al sol de invierno en la terraza de La Venta de Diego, un destartalado bar de Muchamiel de esos en los que nunca es pronto para pedirte un brandy. Aquí la comida suele ser buena y abundante y mis amigos están más impacientes por pedir que por saludarme.

–Vamos a tomar todos menú, venga elige los platos– me espeta Iván mientras mira al camarero para que se acerque. Cuando el camarero acaba de tomar nota ya no queda nadie con mascarilla en la mesa.

 –Nada de pedir vino bueno que estáis viejos para que os den los 400 euros del bono cultural— bromea Borja.

 –Pero si en cuanto me los den me los voy a gastar todo en cultura— le respondo –en Ribera del Duero, en entradas para el boxeo y para los toros– tienen más éxito que mi chiste, las dos Coca colas y las dos cervezas que nos traen a la mesa.

–400 euros ¡¡madre mía!! Se van a agotar los comics de anime japoneses, porque no veo yo a los jóvenes leyendo a Murakami ¿Pero qué van a comprar CD`s de música? Se lo van a gastar todo en videojuegos y tecnología– Abraham que apenas ha probado el primer plato, responde a Iván que casi se lo ha terminado ya.

–Pero la tecnología hoy es el medio para consumir la cultura. De todos modos me parece una compra del voto encubierta, como cuando en México le regalaron televisores a la población ¿Europa no considera esto una compra de votos? Lo de la ayuda al alquiler es otra cosa, en cuanto pueda lo va a pedir mi cuñada–.

–Es tan sólo un empujoncito —le respondo– que con un móvil nuevo es más fácil olvidar las restricciones y los toque de queda. Y lo del bono joven para la vivienda que queréis que os diga… si favorecieran la creación de empleo, la construcción de casas y bajaran los impuestos relativos a las viviendas ¡todos eh! la herencia y el combo completo. Que lo que quieren es que no seas propietario de nada no sea que te aburgueses y dependas de ellos—.

–O que tengas una larga hipoteca, pero bueno tampoco nos pasemos, son ayudas cortas y con condiciones—Tercia Borja en la conversación.

Ya estamos a mitad de los segundos cuando Iván alzando los brazos y la voz dice –Yo hace unos meses me compré una batería que es una pasada—.

–¿De cocina?— Le digo.

–No macho eléctrica, de las que se enchufan, pero con pedal, baquetas, caja, bombo y todo eso. Ahora son súper baratas. Junte varios bonos de consumo de esos del ayuntamiento, son 40 euros por persona nada más, pero convencí a mi ahijada, a Natasha y a mi hermano que sigue censado en Alicante, para que me dieran los suyos. Al dueño de la tienda lo conozco no me puso pegas, era el que tocaba el bajo con Guaraná— Bromeando frunzo el ceño y hago gestos de desaprobación.

 –O sea que te hemos pagado la mitad de la batería para que toques mariconadas—Abraham con tono bajito y tranquilo añade

– Lo bueno es que si la tocas desenchufada hace poco ruido ¿no? ¿Qué te ha dicho Maribel? Ocupar no ocupará mucho en la casa. Mi novia sí que está contenta con esto de los bonos, el pasado sábado nos fuimos a cenar al Maestral, el restaurante ese que está entre las fincas que separan la Albufereta de la carretera de Valencia. No veas que coches ¡que coches que había en el aparcamiento! un Bentley y todo. A ver, que si lo tengo que pagar yo todo no vamos ni de coña a mí el restaurante no me parece para tanto, pero con el bono gastronómico, el ayuntamiento te paga 25 euros siempre que gastes al menos 50. Hasta 250 euros te dan en bonos gastronómicos como máximo. Mi hermano conoce un informático del ayuntamiento que le avisa de cuando van a salir, pero no me lo chiva siempre el canalla —Abraham mira al camarero que pasa por nuestra mesa –Por favor pónganos… ¿tú quieres otra? Dos Coca-colas y dos cañas más por favor— los otros dos se ríen y le cortan la conversación con el camarero.

 –No pidas cosas fuera de menú que estamos en Muchamiel y aquí no aceptan bonos colega— yo me pongo más serio y sigo la conversación.

–Estamos subvencionando a la clase media acomodada para que vaya a restaurantes caros mientras los bares de menú como éste, cierran y despiden camareros. ¿Os acordáis de Juanjo? uno así callado que iba con una pulsera de VOX, pues el gordo, el dueño de El Pepi lo ha despedido. Era el que sobraba supongo, el resto son todos familia, y luego está el chaval de fin de semana, ese que no se entera, pero ese cobrará poco o lo tendrá en negro. Oye y no os he contado lo de mi jefe. Pues resulta que el otro día estábamos en el despacho mi jefe, el delegado sindical y yo; el caso es que nos contó su viaje a Peñíscola el puente ese largo del día de la Constitución la Inmaculada y todo eso. Reservó un hotelazo de cinco estrellas, suite con champan, aparcamiento para el coche, pensión completa, a todo lujo cuatro noches—.

–Es muy bonito Peñíscola yo estuve con el colegio—Me corta Iván.

–El caso es que se fue con el bono viaje de la Generalitat que le paga un 70% del total, siempre que no pase de 600 euros, que se ve que hasta la Generalitat tiene un límite a la hora de invitar con el dinero de todos. ¡Chico! pues no voy yo y en Navidad, saco el tema en la comida, y mi primo que desde que se ha metido en un módulo de cine en Gijón está más poemita que nunca… y me dice, que el Keynesianismo acabó con la crisis de 1929, y que si la Comunidad Valenciana tiene un problema de paro y además la industria del turismo está en crisis hay que inyectar dinero público para reflotar el sistema. Será por lo que cotiza él— a lo que añade mi amigo Borja parsimonioso.

–Bueno, el aumento de gasto puede estimular la demanda agregada—Los otros dos le miran extrañados y le dicen

–¿Qué?— Borja con ganas de hacerse entender les responde.

–Que el gasto público puede hacer que haya más empleo y que la gente gaste más dinamizando la economía—yo sigo a hablando sin mirar a nadie y subiendo el tono de voz.

–¡¡¡Claro más gasto,  hasta el infinito y más allá!!! Da igual que venga del PIB, de contraer más deuda pública, de imprimir más billetes en el Banco Central Europeo ¿y cómo vamos a pagar todo esto? Ya lo dijo Keynes también “A largo plazo todos muertos” –Me miran todos divertidos, y continua Borja.

 –Es que los que abogan por la intervención económica, le hacen caso a Keynes tan sólo en parte. Keynes también dijo que había que ahorrar en las épocas de bonanza para enfrentar futuras recesiones, cosa que no se ha hecho en las últimas décadas. También dijo que en las épocas de crisis había que bajar los impuestos y los tipos de interés, los que nos gobiernan están haciendo lo segundo pero no lo primero— mientras yo aturullándome sigo por mi vereda.

–Claro claro pero ¿Qué pasó durante la crisis de 1973? Subió el precio del petróleo, aumentaron los costes de producción y entonces, pues normal, eso no lo contemplaba Keynes, eso no, subieron los precios de los bienes, cayó la demanda y también…un lio, se juntaron la recesión económica con la inflación y ¡¡pum estanflación!! y lo del paro que en España lo conocemos bien.  Porque el mercado es imperfecto pero es eficiente, es eficiente… –llega el camarero y nos pregunta por los postres, y yo le preparo la comanda –son 14 euros por menú ¿con postre y café no? Pues traiga… como ellos no toman café traiga dos postres nada más y dos cafés y así cuadramos. Escucharme os tengo que contar lo de la ayuda de la Generalitat para poner ventanas en casa. Oscar lo va a hacer, primero verán si el  año de excedencia por lo del bebé lo va a coger él o ella, tienen que hacer cuentas, es que él tiene la plaza pero ella es interina creo… o al revés. Bueno da igual, que Oscar dice que si no le aprueban la ayuda no cambia las ventanas y la novia que hasta que no se resuelva lo de su plaza que no se queda embarazada —se acerca el camarero con el datafono, pero saco la cartera y le pago en efectivo. Ellos pagan uno con tarjeta, otro con el teléfono y él que queda con un reloj inteligente.

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