Empezamos…

Las cosas, no son siempre como nos las han contado. Cuando somos niños nos describen el mundo que nos rodea de una forma sencilla e inteligible, una realidad sin muchos tonos grises. Sin embargo a medida que uno va teniendo experiencias personales, va abandonando certezas. Y es que lo largo de la Historia, en no pocas ocasiones, antiguas certidumbres quedaron desplazadas por las evidencias. La tecnología y la ciencia, han puesto continuamente en tela de juicio nuestras creencias  sobre el mundo que nos rodea y sobre el propio ser humano. Hay razones entonces para el escepticismo y para pensar que esto va a seguir pasando en el presente y en el futuro. 

Al hilo de lo anterior, hay una anécdota muy reveladora que me gusta mucho y la quiero compartir a través de éstas líneas. Con ella empezaba el prestigioso Doctor Rodríguez Braun una conferencia. Imagine el lector que alguien le pregunta ¿Qué le dice el bueno de Hamlet a la calavera? Pues bien ¿Cuál sería la imagen que le viene a la mente? A mí, como al señor Rodríguez Braun, la imagen que rápidamente visualicé cuando me planteé esa pregunta por primera vez, fue una caricatura de Hamlet con una calavera en la mano y diciendo aquello de -Ser o no ser, esa es la cuestión-  Quizás usted tiene en la cabeza otra… ¿O no? ¿Cuál sería la imagen que le viene a la mente entonces? Lo cierto es que la escena en la que Hamlet pronuncia su afamado monólogo,  sucede durante el acto III en la mitad de la obra, y no hay calaveras ni esqueletos a su alrededor. Mientras que por otro lado, la escena de la calavera tiene lugar más tarde en el acto V al final de la obra. Y lo que Hamlet le dice a la calavera es -¡Ay, pobre Yorick!- pues a él pertenecía aquel cráneo que un día tuvo vida.

En ocasiones las cosas no son lo que parecen. O no son necesariamente como las hemos concebido siempre, ya sea porque nos las han contado mal o porque nosotros mismos hemos construido las lentes con las que mirar la realidad. El propósito de ésta página web es pensar, reflexionar y aprender. Aunque uno se equivoque por el camino. Y ya de paso que los adultos podamos trasladar nuestras muchas dudas, y nuestras pocas convicciones a nuestros hijos.